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CREYENTES y IMPIOS

“CREYENTES  VERSUS  IMPIOS”

 

 

Por eso los egipcios, o impíos fueron atormentados por medio de aquellos mismos o semejantes cosas que adoraban, y exterminados, por turba de insectos, ranas, pedriscos, plagas, sangre y tinieblas, y angeles exterminadores.

Mas tu pueblo, en lugar, de estos tormentos, le hiciste y haces favores, concediéndoles las bendiciones, con traerles por manjar, de exquisito sabor, gordas codornices, de manera, que cuando los otros, bien que hambrientos, perdieron las ganas aun del necesario sustento, por el asco de los insectos, que se les ponían delante de los ojos, tu pueblo, padeciendo necesidad por un poco de tiempo, lograron después, un exquisito manjar.

Porque convenía, que a los que se portaban, como tiranos, les sobreviniese irremediable ruina, y a estos otros, se les mostrase solamente, con una breve hambre, o mortandad, de que manera, eran exterminados sus enemigos.

Asi que, cuando contra ellos, se enfurecieron, las serpientes crueles, perecían de venenosas mordeduras.

Mas no duro, para siempre su enojo, sino que fueron aterrados, por un breve tiempo, para escarmiento, recibiendo luego en la serpiente de metal, una señal de salud, para recuerdo de los mandamientos de tu ley, y como figura profética, del salvador de tu pueblo, Jesucristo.

Pero los otros, perecieron mordidos, por insectos, sin que se hallase, ningún remedio.

Mas contra tus hijos, ni los dientes, de venenosos dragones pudieron prevalecer, porque acudió, a salvarlos tu misericordia.

Y solo eran puestos a prueba, como ahora nosotros, a fin que se acuerden de tus preceptos, y quedaran curados, para que no sucediese que cayendo, en un profundo olvido, de tu ley, no pudiesen gozar de tu socorro.

Porque no fue hierba alguna, ni ningún remedio, que los sano, sino que fue tu palabra OH, señor, la cual, sana todas las cosas.

Pues eres tu Señor, el dueño de la vida, y de la muerte, y tu nos conduces, hasta las puertas de la muerte, y nos haces volver desde ellas.

Y en verdad, que aquel mana, que no podía ser consumido por el fuego, calentado al leve rayo del sol, luego se deshacía, para que supiesen todos, que era necesario adelantarse al sol, para recoger tu bendición y adorarte así que amanece, porque la esperanza del justo, como el mana, que ni aun el calor lo deshace. 

 

                                                         Salomón.






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